Sorpresa mayúscula en la tarde de ayer. Según fuentes cercanas a la Generalitat, un funcionario que iba “a echar un cigarro” se sobresaltó al escuchar “unos ruidos” que provenían del despacho del presidente Torra. Asustado, llamó a los Mossos, que enviaron a un “equipo de élite” ante el temor de que el despacho hubiera sido tomado por alguna banda terrorista, o incluso “por el Gobierno de España”.

Tras una “compleja intervención” en la que emplearon “tecnología de última generación”, los Mossos desplegaron una unidad de élite que consiguió acceder al despacho por los conductos de ventilación, y descubrieron con estupor que varios miembros del Govern estaba trabajando. “No nos había pasado nunca”, declara un Mosso que prefiere mantener el anonimato. “Esto lleva muerto más de un año, y aquí no viene ni el personal de limpieza”, se justifica.

Quim Torra, sorprendido por el operativo policial, felicitó a los Mossos “por su gran preparación”, pidió disculpas por “estar donde no acostumbra” y afirmó que “nuestra intención era no trabajar hoy tampoco”, pero que “coincidimos en el bar de al lado, y nos animamos a pasar un rato en el despacho, para ver qué se siente”. Preguntado sobre si de esta reunión surgió alguna propuesta de ley de política social o sanitaria, Torra mantuvo como pudo la risa y respondió con un simple “qué va”.

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