“Un día muy alegre y a la vez muy triste”. Son las palabras de un desconsolado Eduard Alonso, el hombre que anunció su intención de dormir frente a la prisión alemana en la que se encuentra Carles Puigdemont, “hasta que salga”.

“Esto no se hace”, declara Alonso visiblemente triste, “no me ha dado tiempo ni a aparcar”. “Conste que no culpo a Puigdemont, que bastante tiene con lo suyo, sino al juez”, afirma. “Carles llevaba ya días en prisión, por lo que unos días más tampoco le habrían causado ningún perjuicio”, insiste Alonso, “sin embargo a mí me deja sin minuto de gloria y con un vacío en la vida inmenso”, se lamenta.

Alonso compró la pasada semana ropa de abrigo, comida y “unas birras” para un mes, y se pregunta ahora “quién me paga a mí todo esto”. “Abriré un crowdfunding de esos, como hizo la Ponsatí”, se consuela. Mientras tanto ya hace planes por si finalmente Puigdemont termina ingresando en una cárcel española. “Sería ilusionante”, concluye esperanzado.

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